Y sin comerlo ni beberlo nos encontramos con cámaras de Telecinco preguntando a varios padres del centro (que nos estaban acompañando como fieles fans) por el fin del mundo supuestamente predicho por los mayas. Y por si era poco, nos sacan cantando un villancico y lo presentan como «voces angelicales que parecen combatir el apocalipsis».

Al final, más allá de nuestra más que cuestionable capacidad de evitar el fin del mundo, por muy bien que cantemos, lo importante es lo emocionante que resulta ver a alumnos y profesores del instituto pasar un buen rato juntos, haciendo actividades culturales y lúdicas, demostrando que la educación no es sólo estudiar y hacer exámenes (que también), sino aprender a vivir y a disfrutar de la vida en sociedad.

Con toda la disciplina posible en hora punta de compras por el centro de Madrid, se ha cantado en varios lugares emblemáticos (la Puerta del Sol, la calle Preciados, la calle Arenal, … incluso como teloneros de Cortylandia; ¡que estos días no vienen los Stones por aquí, que se iban a enterar!). Y es impresionante como la música influye en la gente, como cuando empezaban a sonar las voces y el ruido del ambiente se reducía, y mucha se olvidaba unos minutos de la tarjeta de crédito para escuchar.

Esperamos que estas curiosas y divertidas experiencias, en las que participan desde chicos y chicas de la ESO hasta profesores muy (muy) experimentados, puedan repetirse, y el arte en general, la música en particular, sirva de punto de unión entre generaciones.

Muchas gracias por una mañana tan agradable.